viernes

Aprendiendo a mirar.



—Hoy es buen día, mira que soleado está, todo muy bonito.


Estábamos en la parte alta de un cerro observando otros muy cercanos, verdes, muy iluminados por el sol. El efecto era aun mayor porque en el horizonte aun había nubes gordas y grises. Los brillantes cerros, recortados contra aquel fondo gris oscuro, los hacía sobresalir más. Observé el paisaje en un largo silencio, tratando de absorber todavía un “no sé qué” y del cual él hablaría ese día. Aguardé impaciente.


—¿has podido ver?—preguntó—,recuerda todo lo que platicamos la ultima vez, ¿te acuerdas? todo está amarrado, es una sola pieza.


En ese momento se quedo fijamente mirándome, como tratando de dar a entender con la mirada que era algo muy importante lo que había dicho. A pesar de que era penetrante, su mirada era fácil de ver. Su mirada siempre complementaba sus palabras.


Fue cuando supe perfectamente porque habíamos subido hasta tener una vista amplia y espectacular. Me llevó ahí para practicar un ejercicio que apenas entendía. Lo que había dicho días atrás era sobre como la luz del sol la podemos aprovechar como una especie de ventana a través de la cual podemos ver una cotidianidad que normalmente no percibimos. Esto implicaba estar consiente de como el sol ilumina todo lo que nos rodea, percibir las sensaciones resultantes y engancharte a estas con nuestra atención. Una vez hecho esto, lo que restaba eran largos procesos de observación, que al mismo tiempo eran procesos de aprendizaje.


El proceso era aparentemente sencillo: observar como el entorno exterior era iluminado por la luz del sol. Si en un principio era difícil, la percepción se facilitaba si se observaban objetos lejanos y bien iluminados. Por algún motivo la distancia agregaba atributos adicionales a lo observado que hacía más fácil el ejercicio. Si al contrario, lo observado estuviera muy cercano, digamos unas decenas de metros o menos, su sugerencia era siempre la misma:


—Agárrate de los arboles. Igual también puede ser una planta, pero de preferencia un árbol, entre mas hojas mejor. Si la forma en que interactúa con la luz es música, escucharías un concierto a todo volumen.


Al decir “agárrate” significaba igualmente observar, pero usaba esta palabra en el sentido de que una vez empezando a observar un árbol, era fácil “no dejar ir” la experiencia. Y era verdad. Hasta este momento en que he realizado el ejercicio, no hay relación más estrecha que he percibido que la vegetación con el sol. Aunque intelectualmente es perfectamente entendible que no hay vegetación si no hay luz, no he entendido esto de manera tan directa como lo es cuando se observa como la luz de sol y las hojas se entrelazan. Si la vegetación estaba cerca, miraba como la disposición de las hojas obedecía a algún mandato de la luz, si la vegetación era lejana, miraba más allá del árbol y el sol para percibir una actividad en todo el entorno. Percibir esto me hizo preguntar si otras personas ya hubieran descubierto esta forma de ver y se hubieran apoyada en ella para estimular su inteligencia la cual finalmente hubiera llegado a importantes descubrimientos científicos.


Quizá porque no me concentraba, volvió a hablar.


—Mira hacia donde puedas abarcar mas, entre mas abarques del paisaje lejano de un solo vistazo mas fuerte vas a percibir. Cuando lo logres, ve todo como una sola pieza, todo amarrado. Que no te distraiga de esto el pensar que el sol está lejísimos y que el cielo azul y las nubes son inalcanzables. Ve todo al mismo tiempo, y si no puedes porque el sol esté detrás y el paisaje enfrente, debes de estar consciente sobre la ubicación de la cosas. Recuerda que lo más importante es que al mismo tiempo que observas el paisaje, puedas ver en el conjunto la ubicación del sol. No veas los cerros, luego el suelo, luego los cerros, y enseguida las nubes. Ve todo en un solo conjunto, como si estuvieras viendo una gran maqueta, en la cual al mismo tiempo estas adentro pero igual la puedes ver completa.


Después de estar por un tiempo sentado a su lado, observando y asimilando, procedí a hablar.


—Cada vez que veo, lo que siento es…


—No, no, no—me interrumpió amablemente pero con urgencia—no lo digas.


Le dio tal importancia a sus palabras que callé esperando una explicación.


—Presta mucha atención a lo que adentro sientes por consecuencia del ejercicio, y así quédate, escúchalo. Has eso primero, luego si quieres habla.


Atendiendo a sus palabras, sentí que esa observación no era tan importante como la experiencia que acababa de pasar, y eso cerró todo deseo, por lo menos en ese momento, de querer hablar de ella. Casi inmediatamente, toda posibilidad de querer hablar se disipó sin rastro, y tan contundente fue que me pregunté si alguna vez tuviera importancia hacerlo. Mejor quedé callado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

viernes

Aprendiendo a mirar.



—Hoy es buen día, mira que soleado está, todo muy bonito.


Estábamos en la parte alta de un cerro observando otros muy cercanos, verdes, muy iluminados por el sol. El efecto era aun mayor porque en el horizonte aun había nubes gordas y grises. Los brillantes cerros, recortados contra aquel fondo gris oscuro, los hacía sobresalir más. Observé el paisaje en un largo silencio, tratando de absorber todavía un “no sé qué” y del cual él hablaría ese día. Aguardé impaciente.


—¿has podido ver?—preguntó—,recuerda todo lo que platicamos la ultima vez, ¿te acuerdas? todo está amarrado, es una sola pieza.


En ese momento se quedo fijamente mirándome, como tratando de dar a entender con la mirada que era algo muy importante lo que había dicho. A pesar de que era penetrante, su mirada era fácil de ver. Su mirada siempre complementaba sus palabras.


Fue cuando supe perfectamente porque habíamos subido hasta tener una vista amplia y espectacular. Me llevó ahí para practicar un ejercicio que apenas entendía. Lo que había dicho días atrás era sobre como la luz del sol la podemos aprovechar como una especie de ventana a través de la cual podemos ver una cotidianidad que normalmente no percibimos. Esto implicaba estar consiente de como el sol ilumina todo lo que nos rodea, percibir las sensaciones resultantes y engancharte a estas con nuestra atención. Una vez hecho esto, lo que restaba eran largos procesos de observación, que al mismo tiempo eran procesos de aprendizaje.


El proceso era aparentemente sencillo: observar como el entorno exterior era iluminado por la luz del sol. Si en un principio era difícil, la percepción se facilitaba si se observaban objetos lejanos y bien iluminados. Por algún motivo la distancia agregaba atributos adicionales a lo observado que hacía más fácil el ejercicio. Si al contrario, lo observado estuviera muy cercano, digamos unas decenas de metros o menos, su sugerencia era siempre la misma:


—Agárrate de los arboles. Igual también puede ser una planta, pero de preferencia un árbol, entre mas hojas mejor. Si la forma en que interactúa con la luz es música, escucharías un concierto a todo volumen.


Al decir “agárrate” significaba igualmente observar, pero usaba esta palabra en el sentido de que una vez empezando a observar un árbol, era fácil “no dejar ir” la experiencia. Y era verdad. Hasta este momento en que he realizado el ejercicio, no hay relación más estrecha que he percibido que la vegetación con el sol. Aunque intelectualmente es perfectamente entendible que no hay vegetación si no hay luz, no he entendido esto de manera tan directa como lo es cuando se observa como la luz de sol y las hojas se entrelazan. Si la vegetación estaba cerca, miraba como la disposición de las hojas obedecía a algún mandato de la luz, si la vegetación era lejana, miraba más allá del árbol y el sol para percibir una actividad en todo el entorno. Percibir esto me hizo preguntar si otras personas ya hubieran descubierto esta forma de ver y se hubieran apoyada en ella para estimular su inteligencia la cual finalmente hubiera llegado a importantes descubrimientos científicos.


Quizá porque no me concentraba, volvió a hablar.


—Mira hacia donde puedas abarcar mas, entre mas abarques del paisaje lejano de un solo vistazo mas fuerte vas a percibir. Cuando lo logres, ve todo como una sola pieza, todo amarrado. Que no te distraiga de esto el pensar que el sol está lejísimos y que el cielo azul y las nubes son inalcanzables. Ve todo al mismo tiempo, y si no puedes porque el sol esté detrás y el paisaje enfrente, debes de estar consciente sobre la ubicación de la cosas. Recuerda que lo más importante es que al mismo tiempo que observas el paisaje, puedas ver en el conjunto la ubicación del sol. No veas los cerros, luego el suelo, luego los cerros, y enseguida las nubes. Ve todo en un solo conjunto, como si estuvieras viendo una gran maqueta, en la cual al mismo tiempo estas adentro pero igual la puedes ver completa.


Después de estar por un tiempo sentado a su lado, observando y asimilando, procedí a hablar.


—Cada vez que veo, lo que siento es…


—No, no, no—me interrumpió amablemente pero con urgencia—no lo digas.


Le dio tal importancia a sus palabras que callé esperando una explicación.


—Presta mucha atención a lo que adentro sientes por consecuencia del ejercicio, y así quédate, escúchalo. Has eso primero, luego si quieres habla.


Atendiendo a sus palabras, sentí que esa observación no era tan importante como la experiencia que acababa de pasar, y eso cerró todo deseo, por lo menos en ese momento, de querer hablar de ella. Casi inmediatamente, toda posibilidad de querer hablar se disipó sin rastro, y tan contundente fue que me pregunté si alguna vez tuviera importancia hacerlo. Mejor quedé callado.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Lorem ipsum dolor

Lorem ipsum dolor

Lorem ipsum dolor

Lorem ipsum dolor